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jueves, 12 de abril de 2012

¿Más o menos Estado?

Recibo y publico

¿Más o menos Estado?

Jean François Revel, en su libro "Le Rejet de l'Etat" (El rechazo del Estado), reune un conjunto de ensayos referidos en su gran parte al Estado, en su conocida línea de pensamiento antisocialista y pro liberal.

Puedo no compartir ciertas ideas, pero se prestan a la discusión fructífera.

La sola lectura del prefacio permite al lector llegar a precisas conclusiones:

"1) Hay que colocar al Estado en el sitio que le corresponde. No es posible que el Estado, como Dios, esté por todas partes, se ocupe de lo más grande y de lo más insignificante, se entrometa y decida sobre cualquier cosa, hasta con el propósito deliberado o inconsciente de hacer olvidar que en una democracia moderna debe haber múltiples centros intermedios de decisión, como el ciudadano, la familia, las asociaciones de vecinos, las empresas, los sindicatos, los gremios profesionales y los grupos de opinión; aparte de los partidos políticos, por supuesto.

Por eso debemos proponer alternativas válidas, originales y poco costosas para privatizar y/o desmonopolizar aunque sea parte de lo que el Estado ha intervenido en el curso de los años. Desnacionalizar lo que ha tomado de más, para atender a tiempo completo lo que descuida en el menos.

2) Además, hay que separar el Estado político del Estado administrativo.

Es indispensable clarificar, de una vez por todas, la imprecisa frontera donde un nuevo ministro selecciona un grupo de funcionarios, distinguiendo entre el equipo político que el ejercicio democrático del voto autoriza a dirigir la administración y el equipo administrativo en sitio que debe obedecer al poder político, pero manteniendo su estabilidad, ascensos, prestaciones y jubilaciones, de conformidad con las normas establecidas.

3) Hay que lograr que el Estado sea igual para todos. Es un desiderátum de la democracia. El Estado ha ido transformando las necesarias reglas de juego en forma arbitraria, quedando el capricho del funcionario el permiso, la averiguación, la multa, etcétera. La discrecionalidad administrativa se presta a los mayores abusos, salvo que cada decisión esté convenientemente fundamentada y el administrado disponga de los recursos de alzada.

El funcionario no puede hacer la ley, debe limitarse a hacerle respetar. Estamos sosteniendo que si bien la sociedad contemporánea no podría existir sin la estructura del Estado, deben corregirse desviaciones en beneficio de los fines esenciales del Estado."

En Uruguay no se modifica nada cambiando algunos funcionarios, cuando lo que hay que modificar a fondo es el Estado, que debe orientar su capacidad de acción hacia la educación, la vivienda, la salud, la seguridad, los servicios básicos, etcétera, dejando a un lado sus deficitarias intervenciones en áreas que son ajenas a sus fines.

En este análisis no pretendo comparar la nación francesa con la uruguaya, pero una parte significativa de las reflexiones de Revel se podría aplicar a nuestro país sin mayor esfuerzo.

La opinión pública critica y rechaza al Estado que quisiera desconocer los centros intermedios de decisión y sustituir a la sociedad civil.

El uruguayo medio quiere, por encima de las ideologías, de los enfrentamientos entre líderes (a veces incluso de un mismo partido político), de la circunstancia orteguiana y de la banalidad, disponer de un buen empleo y disfrutar de las comodidades de la época. Digámoslo con franqueza, es una aspiración razonable.

Para Revel la meta no es rechazar el Estado sino el estatismo, o sea la enfermedad que hace al Estado incapaz de cumplir sus funciones por pretender asumir tareas que pertenecen a la sociedad civil y a los individuos. Por eso dice que hay demasiado Estado y demasiado poco Estado, porque éste se ha apropiado de una cantidad creciente de sectores de la vida social, no con el deseo de hacerlo marchar mejor sino de acrecentar su poder y en cambio descuida tareas estatizadas fundamentales.

Esta inclinación es una perversidad de todos los gobiernos.

Ha llegado la hora en que el Estado uruguayo deberá deslastrarse de lo superfluo, para dedicarse a tiempo completo a las áreas prioritarias que le corresponden. A su vez, los gobiernos por encima de las apetencias candidaturales, de los grupos internos, de las enemistades y de la anécdota, deberán gobernar asegurando al ciudadano la protección de las leyes y un buen manejo de la cosa pública.

Debemos liberar la inmensa energía contenida en nuestra sociedad y canalizarla hacia nuevas realidades, con ideas originales, adecuadas al rigor que la crisis general del país requiere. Debemos establecer urgentemente una correspondencia entre la demanda social y la oferta política. La alternabilidad de los partidos políticos en el gobierno ha demostrado que la gran mayoría de los uruguayos es independiente y que por lo tanto los partidos políticos necesitan estructuras de mediación para lograr un diálogo fructífero con el ciudadano. De allí la importancia de las organizaciones intermedias para el Estado, el Gobierno y los partidos. La hipertrofia del Estado es un problema contemporáneo y solucionable, por lo que la reforma del Estado es una prioridad absoluta de la democracia uruguaya.

Jorge AZAR-GÓMEZ

Ex representante de Uruguay ante O.N.U.

Mail: azargomezjorge@gmail.com

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martes, 3 de noviembre de 2009

Las mentiras sobre el Balotage!!

Recibo y publico. Piden que esta nota sea enviada a vuestros contactos, así que agradezco difusión, dada la importancia del tema.

Desde el 25 de octubre se ha instalado con fuerza una mentira repetida mil veces:
Que el BALOTAGE es una suerte de “TRETA ELECTORAL” para impedir el acceso del Frente Amplio al poder.
Es una mentira que han repetido con total impunidad conocidos POLITÓLOGOS, y DIRIGENTES DE IZQUIERDA.


Repasemos el proceso que lo instauró y las condiciones que fija.

La reforma constitucional aprobada en PLESBICITO en diciembre de 1996 fijó el BALOTAGE PRESIDENCIAL con las características que le conocemos.

A favor del balotage estaban figuras emblemáticas de la izquierda: SEREGNI, y en particular, ASTORI, actual candidato a vicepresidente del Frente Amplio. También históricamente se había manifestado a favor WILSON FERREIRA ALDUNATEil, por ejemplo.

El sistema pretende darle una fuerte legitimidad electoral al presidente, imponiendo que más del 50% del total de ciudadanos voten por el jefe del Ejecutivo.

Para instaurarlo, el Frente Amplio en 1995 - 1996 negoció el fin de las candidaturas múltiples presidenciales simultáneas que regían en el régimen electoral uruguayo y que, por lógica política interna, beneficiaban ampliamente a los partidos tradicionales. Y también, que se separara en el tiempo las elecciones municipales de las nacionales.

SEREGNI, presidente del Frente Amplio en aquél entonces, no pudo encauzar a su partido para aprobar la reforma y en febrero de 1996 renunció a la presidencia de su fuerza política, porque él había "DADO SU PALABRA" a los otros partidos, de que la reforma habría de ser seguida por la izquierda.

VÁZQUEZ en particular se negó a acompañar y DESLIGITIMÓ fuertemente el liderazgo de Seregni en esa ocasión.


La reforma constitucional, como corresponde en Uruguay, fue sometida a plebiscito y ganó.

La elección de 1999 tuvo la particularidad del balotaje. Blancos y Colorados se pusieron de acuerdo en un programa único entre octubre y noviembre y ganó Batlle.

La historia del 2004 fue distinta.

Si la lógica política impide al Frente Amplio actual acordar con otros partidos para ganar el balotaje, NO es una responsabilidad del sistema electoral que se dieron los uruguayos.

Si el Frente Amplio prefiere no negociar con nadie y poner en duda una victoria presumible en noviembre, tampoco es responsabilidad del balotaje.

Si los partidos tradicionales y el Partido Independiente, dejando de lado diferencias, se ponen de acuerdo y deciden apoyar a Lacalle para el balotaje, no es fruto de una treta electoral o de un acuerdo secreto.

ESTA BIEN que quienes piensan distinto se pongan de acuerdo.


Nadie sabe qué hubiera pasado con los resultados electorales si los partidos tradicionales se hubieran beneficiado de la elección única y en bloque municipal y nacional, y de candidaturas presidenciales múltiples y simultáneas, todo el mismo día.

Presumir que hay voluntad de engaño es creer que el pueblo uruguayo es o fue tonto.
Es no respetar la voluntad popular que eligió en 1997 un nuevo orden electoral.

Presumir que hay acuerdos políticos para “FRAGUAR VOLUNTADES” manifestadas en octubre, es NO querer entender cómo funciona el sistema.

El Uruguay vive un grave déficit democrático. La izquierda antiliberal e intolerante de este país cree que si se vota a alguien que no es Mujica, se es menos pueblo, menos patriota, menos uruguayo.

En este sentido, todos los argumentos de quienes provienen de la izquierda y votaron la papeleta por anular la ley de caducidad ilustran esta posición.

EL 29 de noviembre NOS JUGAMOS entonces no solamente la presidencia del PAÍS.
ELEGIMOS EN QUE PAÍS QUEREMOS VIVIR.

Si el País de la mayoría absoluta y el presidente Mujica.


O el País que fuerza al equilibrio de fuerzas, con una izquierda en el parlamento y un Ejecutivo formado por los demás partidos.

Para eso sirve esta vez el balotaje. Menos mal que existe.
Y que el pueblo decida en LIBERTAD y a CONCIENCIA.

QUE LA IZQUIERDA, A TRAVÉS DE SUS POLITÓLOGOS FAVORITOS Y SUS DIRIGENTES:

¡¡¡¡¡¡¡¡DEJE DE MENTIRLE AL URUGUAY.!!!!!!!!!


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martes, 1 de septiembre de 2009

Participación de los jóvenes en política

Participación de los jóvenes en política
Autor: Eugenio Baroffio Abadie


(escrito a propósito de un artículo del Dr. Ope Pasquet sobre la actitud indiferente de los jóvenes en la política)

Estimado joven votante:

No encontré en los jóvenes con quienes ha hablado -y lo hago con muchos- mayor entusiasmo por este tipo de demostración o manifestación partidaria sin la cual, nuestra generación no concebía la existencia de una campaña preelectoral. El artículo de Pasquet expresa, con acierto, el fenómeno que ni es nuevo ni es exclusivo del Uruguay. Los españoles lo llamaban "Pasotismo" y a los individuos que así se comportaban "pasotas". Me acuerdo que corría el año 84, nosotros recién vivíamos con esperanza y novelería la apertura política, y yo, que estaba circunstancialmente en Madrid precisamente en las semanas previas a nuestras elecciones, constaté que a ellos ya les había ganado ese espíritu que hoy empieza a reinar en Uruguay (y han pasado 25 años).

Las causas que esboza Pasquet son razonablemente las mismas a las que en Europa se atribuía el insólito fenómeno. Y digo insólito, porque los jóvenes reclaman libertad, postulan la asunción de responsabilidades (cada vez lo hacen más tempranamente) y, sin embargo, desprecian la ocasión que les brinda cada año electoral de formar parte (aunque pequeña) de un proceso sin el cual, no puede ejercerse la verdadera democracia, ni valorizar el pluralismo ideológico. Sin el cual, no podemos sentirnos plenamente realizados como ciudadanos y, además, resignamos el derecho a reprochar, quejarnos y lamentar, lo que hacen quienes administran nuestros propios intereses ...

No es admisible el pretexto, tantas veces escuchado, de que ninguna opción resulta satisfactoria, o la de que nadie representa el interés o el gusto de nuestro interlocutor, ni esa "generalizada generalización" (valga la expresión redundante) de que "son todos los políticos iguales", “nadie mira más que por su propio mezquino provecho”, etc. etc.

En la mayoría de los casos es un prejuicio de quien, “a priori”, se ha alejado de la política, se ha desinteresado por la cosa pública y ha centrado su atención en otras cuestiones que, por legítimas que sean, jamás deberían permitir que se soslayara algún modo de actuación que nos aproximara a la administración o al gobierno, precisamente –entre otras cosas- para cambiar lo que no nos gusta o incidir y propugnar ese cambio.

Por eso entiendo que toda militancia, desde la más rústica de “sacar a pasear” una bandera o participar en un acto público o manifestación callejera, hasta la lectura de un editorial, un programa periodístico político o la postulación a un cargo, son importantes, insoslayables y completamente vitales. Cuanto menos participemos, más riesgo corremos a que quien ocupe el espacio que nosotros resignamos se encuentre –precisamente- en las antípodas de nuestros intereses y afanes. Cuanto menos participemos y nos interesemos, menos libres seremos y, si de todo esto nos damos cuenta algún día, puede que sea ya demasiado tarde y que hayamos terminado por renunciar a esta democracia que –por imperfecta que sea- es lo mejor de que dispone el hombre para conducir la cosa pública. Mientras esperamos la utopía de la perfección, que nunca ha llegado ni ha de llegar, abandonamos las vías que el sistema nos propone para ser cada día un poco mejor.

Por último, un mensaje que tiende a desvirtuar uno de los reproches habituales, el manido y ya invocado de que “todos son iguales” y nada nos satisface plenamente;

Lo primero es rigurosamente ajeno a la verdad y sólo puede sostenerlo, justamente, quien no se interesa por la política. Sepan los jóvenes que participando o militando comprobarán rápidamente que esto no es así. Y en cuanto a que ninguna propuesta le satisface plenamente, deberá saber que jamás existirá semejante utopía, porque ni los hombres, ni las instituciones que ellos construyen son perfectas, pero una cosa es segura, aquellos sistemas que han propuesto comprenderlo y explicarlo todo, revelarlo todo científicamente (o de forma presuntamente científica) y coherente, aquellas tendencias historicistas que creen que la historia conduce al hombre irremediablemente en determinada dirección y participemos o no del proceso político, sólo podemos obrar en esa dirección para acelerarlo u oponernos para obtener un mero retraso, esas doctrinas o ideas –repito- han sido las que privaron al hombre de libertad, lo condujeron a las mayores iniquidades, a las masivas muertes y al fracaso económico.

Si uno de los factores del atraso es la falta de educación o la existencia de una educación insuficiente, debemos saber que también hay que educar ciudadanos y, para ello, ejercer con responsabilidad tal condición, practicándola, única forma de evitar la pérdida de nuestros derechos.-

Estimulo a todos a participar e interesarse en la política, pero a hacerlo con independencia de criterio, sentido crítico y empleo de la lógica y de la experiencia, aunque no necesariamente sin pasión.

Nuestro sistema tiene la virtud de que ofrecerá, en un país tan chico, una gran cantidad de partidos, de fracciones, de candidatos y de matices que no nos ha de permitir seguir sosteniendo, seriamente, que no podemos identificarnos con alguno.

Eugenio Baroffio Abadie


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